Mallo Maruja – Ana María Gómez González

Vivero (Galicia) 1902 – Madrid 1995, fue una pintora surrealista española.

Debido al trabajo de su padre la familia se trasladaba con frecuencia, es por ello por lo que poco después del nacimiento de su hermano, la familia se trasladó a Avilés, donde permanecen desde 1913 hasta 1922. En Avilé, Maruja comenzó su formación en la Escuela de Artes y Oficios y en estudios particulares.

En 1922, con 20 años, y aprovechando el traslado de la familia a Madrid, entra a estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando donde estudió hasta 1926, mientras, asistía también a la Academia Libre de Julio Moisés. En Madrid se relaciona con artistas, escritores y cineastas. En 1927, año en que muere su madre, toma parte activa en la primera Escuela de Vallecas, una propuesta ‘plástico-poética’ del escultor Alberto y el pintor Benjamín Palencia.

Durante esa década de 1920 trabaja asimismo para numerosas publicaciones literarias como La Gaceta Literaria, El Almanaque Literario o la Revista de Occidente y realiza portadas de varios libros. Ortega y Gasset conoce sus cuadros en 1928 y le organiza su primera exposición en los salones de la Revista de Occidente.

Colaboró intensamente con Alberti hasta 1931, quedando constancia de este trabajo conjunto los decorados del drama “Santa Casilda” (1930), testimonios en libros como “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos” y en “Sermones y moradas”. En estos años pinta la serie Cloacas y Campanarios, cercana a los planteamientos de la Escuela de Vallecas de Alberto Sánchez, Benjamín Palencia, Miguel Prieto, Souto, Rodríguez Luna y Eduardo Vicente, de la que formó parte.

En 1932 obtiene una pensión de la Junta de Ampliación de Estudios para ir a París donde conoce a René Magritte, Max Ernst, Joan Miró y Giorgio de Chirico y participa en tertulias con André Breton y Paul Éluard. Su primera exposición en París tuvo lugar en la Galería Pierre Loeb en 1932. Allí comienza su etapa surrealista. Su pintura cambió radicalmente y alcanzó la maestría.

Regresó a Madrid en 1933 y participó activamente en la Sociedad de Artistas Ibéricos. Para entonces había adquirido tal notoriedad que el gobierno francés compró uno de sus cuadros para exponerlo en el Museo Nacional de Arte Moderno. Inicia una etapa en la que destaca el interés por el orden geométrico e interno de la naturaleza. En ese mismo año, Maruja Mallo, comprometida con la República, desarrolló una triple dedicación docente como profesora de Dibujo en el Instituto de Arévalo. Frecuenta a Miguel Hernández
En 1934 vuelve a tratar a Pablo Neruda, a quien ya había conocido en París. Durante 1935 prepara la escenografía y los figurines de la ópera de Rodolfo Halffter Clavileño, que no llegó a estrenarse.

A partir de 1936, comienza su etapa constructiva, mientras sigue exponiendo con los pintores surrealistas en Londres y Barcelona. Participa como docente en las Misiones Pedagógicas, que la acercan a su tierra natal, Galicia, donde a los pocos meses le sorprende la Guerra Civil. Al estallar el conflicto bélico del 36, Maruja Mallo huye a Portugal, donde la recibe Gabriela Mistral, quien en aquel momento era embajadora de Chile en Portugal. Poco tiempo después, su amiga Gabriela Mistral, le ayudó a trasladarse a Buenos Aires iniciando así su exilio en Argentina que desde 1937, duraría 25 años. Es una etapa de su vida en la que se dedica a viajar, vive entre Uruguay y Buenos Aires, y a diseñar, pintar, en definitiva a crear y crear. También se suceden exposiciones en París, Brasil y Nueva York.

Se encuentra en este momento con su amigo Alfonso Reyes, embajador de México en Argentina, con quien permanecerá hasta 1938, año en que él regresa a México.

En 1942 se publica el libro Maruja Mallo, con un texto previo de Ramón Gómez de la Serna y donde se reproducen textos de la autora. Entre 1945 y 1957, Maruja Mallo tuvo un periodo oscuro; sus apariciones públicas y sus exposiciones también eran más raras. En 1945, viaja a Chile y se traslada a Viña del Mar y la Isla de Pascua, junto a su amigo Pablo Neruda, buscando inspiración. En 1949 Maruja deja Argentina y se traslada a Nueva York. En marzo de 1950 expone en la Galerie Silvagni de París y, en 1959, en la galería Bonino de Buenos Aires. Finalmente viaja desde Nueva York a Madrid para regresar a España en 1965, tras veinticinco años de exilio.

En 1979 comenzó su última etapa pictórica con Los Moradores del vacío. Tenía ya 77 años, pero aún conservaba esa frescura y vitalidad que la acompañaría durante toda su vida. En la década de 1980 le ofrecieron varias exposiciones y premios.

En 1990 recibe la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid y en 1991 la Medalla de Galicia. En 1992, con motivo de su 90 cumpleaños, se celebra una exposición en la galería Guillermo de Osma de Madrid, que muestra, por primera vez, series de los cuadros pintados en su época de exilio en América. En 1993 tiene lugar una gran exposición antológica en Santiago de Compostela que inaugura el nuevo Centro Gallego de Arte Contemporáneo. Más tarde, la exposición es trasladada al Museo de Bellas Artes de Buenos Aires.
El 6 de febrero de 1995 muere en Madrid a los 93 años.

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